lunes, 3 de febrero de 2014

El Patillas no me lee; le sobra con tenerme.

Alexey Aloisov

Mira que siempre tuve claro que sería a partir de los 40 cuando yo estaría de verdad buena.  Con esta cara de antigua no te queda otra que asumir que tu belleza es de esas desgarradas pero sobre todo desgarradoras. A los 15 no te hace caso ni Blas. Así que te enrollas poco. A los 40 descubres que hasta tus tobillos recios pueden ser imaginados sobre los hombros de cualquiera.

¿Que no? Basta con que te lean...


Me chifla. Porque no tengo un duro, pero consigo que me inviten dos noches a la semana para que los filetes de lomo adobado sean suficientes para los que estén. Y unos y otros (los que lo hacen aspirando a que sea verdad que la chupo como escribo y los que saben que pasearme, además de divertido, es una obra de caridad), hacen que pueda disfrutar hasta de la montaña rusa. 

La misma emoción que supone levantar sospechas de que soy de las que se relajan en la ducha muy por encima de las posibilidades de un spa. Sí, una ducha. Cualquiera. Una vez escribí que basta quitar la alcachofa de la más simple del planeta para terminar apoyando la mano en la pared alicatada hasta el techo y perderte. 


Cuarenta segundos, oye.. Cuarenta segundos son más que suficientes. 


Desde el día que lo escribí no hay quien no esboce una sonrisa de medio lado cada vez que digo "Me voy a  duchar. Luego te veo". Sí, pueden ser los protagonistas de esa mi fantasía, pero no siempre. Déjenme cambiar de amantes de vez en cuando..


Una emoción que se agudiza teniendo al Atléti de líder. Que no lo era desde el 25 de mayo de 1996, cuando El Patillas hizo esta foto antológica que él disfruta y regala, como buen madridista que es, a todos  cuantos son capaces de agradecerla.



Julián Jaén



Este equipo que se ha hilado a mi vida con pequeños pespuntes cargados de liturgia... 
Esta semana, de líder, se la juega en el primer partido de Copa frente al eterno rival. A la misma hora y en la misma ciudad, en la que yo presento mi libro. 

Cholo, te consiento ésta porque si el Atlético de Madrid marca en mitad de mi directo más difícil, me encantará comunicar la noticia. Estaremos huérfanos de #oídoenmisalón qué le vamos a hacer. Hazme el favor de ganar al Real Madrid. Recuerda que estás en mi "lista de los cinco permitidos". Prometo, querido Fernando Garea, esperar a que acabe la Liga. Que como yo paso como una exhalación, para preparar la siguiente temporada ya ni se acuerda de mí. 


Todos nosotros de él, sí. 


Si el caso es celebrar, lo llevo diciendo ya mucho tiempo. Y yo aplaudo al que me entacona. 


Tacones. No necesitamos que pisen asfalto; solo quiero verlos. Que formen parte de esta estampa en la que yo me coloco de tal manera que los tacones emergen por detrás de mi culo mientras mi amante es el único que de verdad puede comprobar si la chupo como lo escribo. Si es verdad que hago todo lo posible por arroparla dentro de la boca. Dejando que entre hasta dentro, que tengo labios gruesos y podré coparla. Si tienen razón los que creen a pies juntillas que me gusta que se ponga así de dura para entonces, solo entonces, ponerme encima. Apoyando las manos en el cabecero; déjame que te baile. 


¿Será verdad que mis piernas resisten en tensión el tiempo que haga falta con tal de ser empalada en ese balanceo? Puede hasta que, sin quitarme los tacones, prosiga él de pie  sobre el piso, acercándome a mí al borde de la cama. "De espaldas, Tana", dirá. Para que yo clave las rodillas y agarre él el mando. A su vera. A su altura. Apretando con el puño cerrado el mismo estilete que me mantiene nueve centímetros por encima de mi metro setenta y cinco. 


Si fueran puñales en vez de tacones, lamería después la sangre que brotara de sus manos por aferrarse a esos tacones. 


Y siempre tranquila con todo cuanto cuento, que no altera jamás al hombre de mi vida. Ya lo dice él cuando le increpan los amigos con detalles de esas frases en las que relato mis calenturas.


"Yo a la Tana no la leo; me sobra con tenerla". 



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